cosmos somos/ en ciclos nos movemos/ así nos transformamos
Hormigas, eclipses, lunas llenas.

Hormigas, eclipses, lunas llenas.

A propósito de eclipses y de fines, inicios y reseteos, de suma claridad y lucidez y de abandonar todo lo que nos es de alguna manera ajeno, hace unos días recordé una experiencia hormiguista que sucedió hace ya varios años en Brasil y que marcó profundamente lo que vino luego en mi vida. Yo estaba en un centro de meditación, haciendo servicio, que es básicamente realizar múltiples tareas en beneficio del centro y por supuesto, meditar -harto-. Por las mañanas había una meditación a primera hora y al salir de ella, nos encontrábamos con una gran fila de enormes hormigas atravesando el camino de tierra, llevando pedazos de hojas mucho más grandes que sus cuerpos. Las hojas parecían flotar. Era tan lindo que nos quedábamos mirándolas mucho rato, en silencio absorto. El centro estaba en plena mata y habían muchos hormigueros, convivíamos con ellas. Estuve ahí por dos semanas y las observé constantemente, siempre yendo de acá para allá. Me maravillaba su afanada actividad, sus hormigueros gigantes, su organización. De mirarlas, en mi comenzó a surgir la pregunta acerca del rol que cumplían en el entramado vital. “Todas las especies cumplen una misión, todo en este mundo es parte de esta cadena de transformaciones.  Las hormigas tienen una tarea que cumplen a la perfección, ¿cuál es?” Eso no tardó en convertirse en una pregunta sobre la humanidad “¿Y nuestro rol dentro de estos movimientos, cual será? ¿Qué es lo que solo la humanidad puede realizar? Por algo estamos aquí, viviendo, en algún punto somos un eslabón necesario para la vida”. La verdad es que no pensaba demasiado, más bien estas preguntas se me aparecían como luces, como guías hacia algo. No buscaba la respuesta en mi -ni siquiera sé si esperaba alguna-. A los días llegó algo que interpreté como una respuesta y decidí poner a disposición todo lo que era, sabía y tenía para cumplir con la tarea humana que vislumbré. Escribí los primeros textos de la primera agenda, empecé a dibujar más y a escribir de cosas que me involucraban, que hablaban de mis anhelos profundos y me exponían, que fue algo que siempre temí. Toda mi vida se fue ajustando a lo que viví en esos días y es un proceso que aún no termina. Tal vez no acabe nunca, es lo más probable. Ha habido momentos duros, me he roto en pedazos, se han corrompido cosas que deseé mantener intactas. He aprendido de ello,  he visto que aunque lo externo se corrompa (o tal vez justo gracias a esto), la guía interna se hace más fuerte y clara, una antorcha luminosa en el camino. Me he ido reconociendo, cada vez más, aceptándome, dejándome ser. Soltando todo lo que ya no soy, lo que jamás fui. Ha sido doloroso, han sucedido cosas raras, a veces han resultado ser lo contrario de lo que parecían o mostraban. Caras vemos, corazones no sabemos. Puede leerse terrible, pero al mismo tiempo, todo esto me ha aliviado de pesadas cargas. De preconcepciones sobre las situaciones, sobre las personas. De lo que daba por hecho. Se han acabado relaciones antiguas y un montón de cosas y no he movido un dedo por salvarlas, porque debían morir. Agradezco cada acontecimiento, porque me he ido liberando, porque han aparecido seres que aportan en este proceso y que literalmente, han sido bálsamos y medicinas. Si me preguntan que es crecer, mi respuesta es: *sacarnos capas de encima*. Desprendernos de cáscaras para llegar a lo que somos. Puede que después cambie de opinión, que mi definición sea otra, pero por ahora mi sensación es la de ir simplificándome, la de despojarme de todo lo que no me constituye. ¿ Y cómo saber lo que me constituye y lo que no? Supongo que vamos sabiendo a medida que vivimos, que nos relacionamos, que enganchamos y chocamos con otras personas, con las situaciones.  La vida nos va puliendo, y si la dejamos hacer, nos saca todo lo que sobra (ay!). Sabemos siguiendo el hilo de la conciencia, haciéndole caso, dejando de forzar los acontecimientos. Sabemos cuando paramos de mentir acerca de lo que hacemos y somos y nos aceptamos con nuestros defectos y virtudes, y en base a eso hacemos el trabajo interno: no con lo que debiera ser, sino con lo que es.  Vamos sabiendo cada vez más cuando dejamos de hacer las cosas en reacción a algo o alguien, para agradar o disentir, para ganar o competir, y empezamos a hacerlas porque internamente nos movilizan. Porque nuestra sangre, nuestro aire y todo lo que nos constituye va hacia allá, se mueve en concordancia, nos acompaña, nos lleva. Y por tanto, las sentimos pujantes, necesarias. Nos parimos haciéndolas. Todo lo que somos y lo que podemos ser se juega en ellas.

Vivir así tiene costos, y uno de ellos es la desarticulación de nuestro ego, de la imagen que tan prolijamente hemos construido para estar en el mundo, para sentir seguridad. Para ganar afecto, admiración o lo que sea. Junto con el, caen tantas cosas. Y aparecen tantas otras. Surgen nuevas preguntas, nuevas respuestas, nuevos sentidos.

Realmente, no sé si está bien preguntarse acerca de las hormigas, las abejas, de la humanidad. Quizás es darse vueltas demás. A mí simplemente me ocurre, me causa tanto asombro el movimiento del mundo y me pregunto por sus sucesos. Me asombro de mis propios movimientos y me pregunto por mis propios sucesos. Y me voy respondiendo a medida que vivo. Quise escribir esto porque la mayoría de las veces empezamos a saber en la marcha y sucede que, por un plan que trazamos con anterioridad, invalidamos la voz que nos guía, que nos pide corte, cambio, giro de timón. Dicen que si la escuchamos cuando habla bajito, en pequeñas sincronías, no será necesario que luego la vida haga grandes movimientos y cause conmoción para hacernos saber lo que necesita de parte nuestra. Yo creo que así es. Y por eso amo a la hormigas, porque tan sutilmente trajeron a mí lo esencial.

Sépanse abandonar a las preguntas, dejen que aparezcan solas las respuestas, vivan con lo que van obteniendo de su propia experiencia, guíense por sus visiones despiertas, sigan el hilo de las “coincidencias”, despójense de todo lo que se tengan que despojar, como quien emprende camino a la montaña y va solo con lo vital.

Fin

PD: La ilustración iba a ir en la agenda, pero al final hice otra que me gustó más, y es la que dejamos 🙂

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